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Citroën CX Palas 1976: El Futuro Aterrizó Sobre el Asfalto
En 1976, mientras el mundo aún pensaba en líneas rectas y cromados clásicos, Citroën decidió romper todas las reglas. Así nació el Citroën CX Palas, una nave terrestre llegada del mañana, diseñada para deslizarse por el asfalto como ninguna otra.
Su silueta aerodinámica parecía esculpida por el viento. Bajo su carrocería futurista se escondía el alma revolucionaria de la marca: suspensión hidroneumática, dirección asistida DIRAVI y un confort que dejaba atrás a toda la competencia. El CX no se conducía, se pilotaba.
La versión Palas elevaba la experiencia a otro nivel. Asientos mullidos como butacas de primera clase, instrumentación envolvente, acabados cuidados y un silencio de marcha que convertía cada viaje en un ritual de elegancia y calma. Era lujo a la francesa, distinto, valiente y sin complejos.
En carretera abierta, el CX Palas flotaba. Absorbía imperfecciones, devoraba kilómetros y mantenía una estabilidad casi irreal. No necesitaba rugir para imponer respeto: su poder estaba en la suavidad, en la sensación de ir siempre un paso por delante del tiempo.
Elegido como coche oficial por gobiernos y utilizado por altas personalidades, el Citroën CX Palas de 1976 se convirtió en símbolo de innovación, estatus y audacia técnica. Un coche que no buscaba gustar a todos, sino marcar un antes y un después.
Hoy, este clásico es una joya para coleccionistas y amantes del automóvil con alma. Representa una era en la que la ingeniería se atrevía a soñar en grande y a desafiar lo establecido.
El Citroën CX Palas 1976 no es solo un coche clásico. Es una declaración de intenciones, una obra de arte en movimiento y una leyenda que sigue flotando, majestuosa, sobre el asfalto del tiempo.







